El descontento y la perdida de la fé es una constante en crecimiento en nuestro país, y falta con mirar las encuestas de percepción del país y sobre todo las de intención de voto que las grandes empresas de consultoría y estadística han revelado en los últimos días ad portas de las elecciones de congreso y parlamento andino. Para Senado y Cámara ni siquiera hay intención de voto, encontrando un enorme no sabe no responde por razones por muchos conocidas que pasan por la pereza, la impotencia y la resignación, porque en Colombia no hay indignación real es resignación que es aún peor. La pereza de cambio o la  indignación reducida a un clic, a un me gusta o a un retuit, ese activismo digital que no genera cambio, pero es que tampoco nos preocupamos por escuchar propuestas novedosas, nuevos candidatos, tengan en cuenta que son 268 congresistas y no nos damos a la tarea de oírlos pero si a repetir como coro de colegio “es que todos son unas ratas y ladrones”. Los invito cordialmente a que voten, vote bien o vote mal, pero a que ejerzan su derecho y su deber, el voto cuenta y es uno de los pocos espacios que tiene un ciudadano para ejercer poder y dar una opinión que vaya más allá de un post en Facebook. Vote aunque bote el voto.

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